Category: Costumario

¿Navidad?

Por House, Lunes 24 Diciembre 2007 7:21

Si, eso dicen. Algunos mejor nos callemos durante estas fechas. Son tiempos de paz, alegría, hipocresía, créditos para comprar regalos y anuncios de colonia pronunciados en inglés que mola más, Caholina Heheehaa. Sueños imposibles, loterías y demás mandangas que mantienen entretenido el personal dándoles falsas esperanzas. Paz aquí, pero siguen matando en algún lado. Alegría si, pero siguen pasando hambre… y no sigo por no deprimir, pues no toca. Mejor desparecer unos días, no sea que se me pegue algo de tanta alegría por que sí. Saludad a todo el mundo de mi parte, decidles que me fui al extranjero, de vacaciones, y me olvidé las claves para escribir. Hasta el año que viene. O antes, quien sabe. PD: los anuncios no son responsabilidad mía… la incongruencia va con ellos…

Los publicistas, algunos…

Por House, Lunes 12 Noviembre 2007 8:34

No se que fue primero si el anuncio o el producto, pero me da la sensación que los publicistas han aprendido a lucirse y eso, a su entender, es que el anuncio está por encima del producto. Y vale todo, incluso no saber muy bien lo que se anuncia. Lejos de intentar comprobar la efectividad de la publicidad he llegado a la conclusión que en muchas ocasiones lo de menos es el producto. Anunciar la robustez de un vehí­culo arrojando una maceta en la cabeza de un cretino parece ser una buena manera. ¿Pero es que el consumidor de dicho vehí­culo es un cretino? Claro está que la principal razón para comprar un producto no es esa y que el consumidor entiende la metáfora, y sabe que por fin puede arrojar macetas a su nuevo y flamante coche, ¿quien no ha soñado con eso alguna vez? Acabo de ver como se puede jugar al pinball (máquina de millón) gigante con otro nuevo coche, por fin le encuentro utilidad a las puertas traseras del nuevo mini… gracias señores publicistas… Cierra la ventana, detrás hay un publicista seguro.

Ecologistas

Por el negro, Viernes 2 Noviembre 2007 15:14

negro.jpg

Sí, lo reconozco, mi piel es bruna pero mi espíritu límpido.
Hoy, he visto lo que nos viene.

De hecho lo venía viendo hace tiempo. Pero hoy lo he visto claro ( ¿será por el artículo del Monzó?)
En fin, trasegaba tranquilamente a la vera de una barra, algo difuso, que no era bien bien cerveza, pero eso es lo de menos, cuando de repente un jovenzuelo indignado se quejaba, ¡ay! del humo.
Como quiera que el camarero con suma educación se abstenía de entrar en su polémica problemática, se fue creciendo, ese melendri difuso, quizás por mor de embravecerse ante su pierceada colega.
¡Esto es indígnate!, exclamé, y el muy becerro giró su careto para darme su aquiescencia, pero lo que prosiguió no fue de su agrado:¡ Esto es indignante! ¡ quejarse del humo y llevar una botella plástica de litro y medio para solaz de su compinche!

Su cara cambió, pero como era de noche no se derritió.
Plástico, de eso que veo por ahí.

Barrenderos

Por el negro, Viernes 26 Octubre 2007 14:55

negro.jpg

Yo conocí una ciudad, perdonad que no me presente, quizás se llamaba Barcelona.Muchas noches, casi de madrugada subía, solo o acompañado, a esa hora incierta, por las Ramblas, quizás de la Plaza Real o vete a saber.

Entonces, a resguardo los serenos, llegaban los barrenderos y limpiaban las Ramblas de un plumazo con su certera manguera y, oídme, jamás me salpicó una gota de su abnegada labor.

¡ Qué tiempos! ¡ aún se distinguía la basura!.

Hoy, de madrugada, camino del trabajo, con la inminente sospecha de que Cercanías no va a funcionar, pero que sí me tomo un café en la estación, por una de aquellas casualidades funcionará, he sido LITERALMENTE BARRIDO.

Veamos, un carricoche, de esos más qué que limpian enmiendan, se me acercaba por la derecha. Decido cambiar el tranco y escorarme hacia la izquierda, apenas hay paso, una mampara de autobús y un andamio rehabilitador , configuran ese paisaje escaso.

El barrendero inconsciente, blande la vieja escoba, auténtica, de bruja, de madera y paja, pero la blande mal. Casi le saca un ojo a una pobre estudiante, pero el sigue y viene hacia mí, y siento que soy Paulus en el cerco a Stalingrado, porque con potencia superior a la que se le exige a un trabajador cualquiera, levanta la inmundicia dejada por las turbas extranjeras contra mí. Recién lavao y recién peinao y no hay piedad, cuando poco antes de su atentado le miro con ojos implorantes. Soy barrido por el aguerrido guerrero de la escoba.

Empiezo pues el día cagándome en su puta madre y bien lleno de mierda y pienso en aquellos serenos, aquellos amables barrenderos que apartaban la manguera a nuestro vacilante paso y , me digo, la madre que los parió, ¿no hay otras horas para limpiar la ciudad que cuando los trabajadores se levantan? ¿es necesario acometer con ímpetu malévolo a los viandantes? ¿no era costumbre retirar la escoba al paso de una persona? Esquivo la escoba y me vuelvo a cagar en su puta madre, la madre de un pobre trabajador sin luces, sin educación, con collarín de oro que por eso cobra más que yo.

P.D.: por cierto, saciada ya mi sed de venganza por lo que a ese gilipollas se refiere, me presento, soy el colaborador negro del otrohouse.

Nota de House: A veces tengo que dejar que algún colaborador mio se estrelle contra estas páginas y así hago un poco de cura de humildad, que poca falta me hace. Es una terapia para ellos y espero a mi me sirva para que me hagan el trabajo sucio, y no he dicho negro… por cierto ¿donde esta la morena esa?

No hablaba con usted, era el móvil

Por House, Lunes 1 Octubre 2007 4:52

Que tiempos aquellos, no necesariamente más buenos, en los que había muchas más posibilidades de estar ilocalizables. Ahora resulta un poco más difícil y a veces inexcusable. Me refiero al hecho de que llevamos puesto nuestro dispositivo de comunicación permanentemente. Eso nos convierte en seres constantemente localizados y en algunos casos esclavos de un objeto que cabe en un bolsillo. Esta dependencia nos convierte en seres menos sociables, a pesar de que dicho dispositivo (a partir de ahora le llamaremos móvil, abreviatura de teléfono móvil) en principio sirve para comunicar, lo que nos confiere cierta disposición al gregarismo, pero acaba por volverse el protagonista interrumpiendo cualquier acto en el que estemos presentes. Sea una conversación con alguien con el que compartamos espacio o trayecto, sea algún espectáculo al que acudamos, sea cualquier situación a la que nos enfrentemos y sea donde sea. Claro está que la decisión está en nuestras manos, como casi nunca, y resulta tremendamente fácil apagarlo a pesar de que nuestra conciencia no nos quede muy tranquila, por esa falta de respeto con los demás que posiblemente requieren de nuestra atención. Por lo que es fácil, entendiendo lo buenos y sociables que somos, que nos apresuraremos en enmendar el error que cometemos y acabemos pulsando el botón de on.

moviles.jpg

Estamos a su merced, y nuestro móvil logra un fácil protagonismo en nuestras vidas. Lo cuidamos, le ponemos una fundita para que no se estropee (algunos usan calcetines especiales con la intención de que no se resfríen), le cambiamos su aspecto con cierta periodicidad o dependiendo del acto al que asistamos. De hecho creemos llevarlo pero es el quien nos lleva (emulando Cortazar) y nos obliga a estar pendientes constantemente de todas las indicaciones que nos da. Tememos perderlo o rallarlo o romperlo, lo comparamos con el del vecino que si resulta mejor nos obliga a plantearnos si necesitamos cambiarlo. Disponemos de agendas de contactos donde caben cientos de entradas de las que como mucho usamos un 20 %; vienen repletos de imágenes, sonidos, juegos e infinidad de utilidades que nunca usamos (por lo que dejan de ser utilidades al perder la condición de útil) . Y la fin y al cabo sirve para comunicarnos con los demás, cosa que en la mayoría de las ocasiones resulta innecesario a tenor de lo que se llega a decir desde un móvil en gran cantidad de ocasiones. Ya resulta típico ver un grupo de amigos en los que en algún momento hay más de dos que hablan por el móvil casi ignorando a los que les acompañan con su presencia. En una ocasión me encontré a una conocida por la calle, nos saludamos y sonó su móvil. Retirándome la mirada, e incluso alejándose un poco de mi, contestó la llamada y a medida que hablaba se iba. No tardé más de dos segundos en largarme y cambiarle el título de amiga por el de conocida. Pues os propongo los siguientes ejercicios para mejorar como personas:

  • Borra todos los contactos a los que no llames, si les interesas ya te llamaran y volverás a tenerlos.
  • Borra todos los sonidos, imágenes y demás estupideces que lleve el móvil, todo eso que no usas y en muchas ocasiones ni sabes para que sirve.
  • Ciérralo si acudes a un acto, sea una reunión, una cena, unas copas con unos amigos, una noche romántica, etc.
  • Déjalo reposar alguna vez, un día entero, una semana… poco a poco nunca lo hagas de golpe si tu adición es alta.
  • Y sobretodo si llaman cuando te encuentras a alguien, o estés inmerso en una amena conversación en vivo y te hayas olvidado de apagarlo, contesta pero pídele que espere un poco o que llame al cabo de unos minutos, depende de quien o con quien te encuentres puede variar este tiempo de minutos a horas o más si el plan es bueno. En ocasiones también nos sirve para huir de "quien".

En mi caso tengo un móvil de última tecnología o casi. Me sirve para aislarme a través de sus auriculares desde los que oigo música, además puedo hacer fotos de baja calidad que ya me sirven en muchos casos, puedo grabar mi voz cuando tengo una buena ocurrencia (a menudo), escribir alguna que otra entrada en este blog,… ah, y me sirve para hablar con quien no tengo cerca. Me gusta por su botón de apagado que es muy accesible. Cuelga, sigo comunicando.

Panorama Theme by Themocracy