Él mirándose los zapatos
Me hizo notar un buen amigo la obsesión del Sr. Ratzinger en enseñar sus zapatitos rojos. De excelente cuero, como debe ser por ser de quien son, dirá más de uno convencido con su fe ciega. Y una vez más leía noticias de sacerdotes pederastas y el tal Ratzinger mirando hacia otro lado o bien a sus hermosos zapatitos rojos. ¿Rojo sangre?

Por lo visto Ratzinger, el de los zapatos, escribió una carta según el semanario “The Observer” fechada en mayo de 2001, en la que se ordenaba a todos los obispos que dispusieran las medidas necesarias para mantener en total secreto las investigaciones que involucraban a sacerdotes en abusos sexuales de menores.
Y el escándalo llega a grandes proporciones
Y ahora otra carta, esta más mediática, y a priori parece que el presumido Ratzinger entona un "mea culpa", pero sólo en parte y nunca pidiendo perdón. Si, por fin acusa y pide justicia pero sólo en Irlanda, por que hablar de Alemania es comprometerse ya que el mismo hombre de zapatitos rojos estaba implicado al no denunciar una caso de un cura que acogió en su diócesis, en su etapa de arzobispo entre 1977 y 1982, con la idea de "curarlo". O sea que el sr. Ratzinger es más que sospechoso de un grave delito que se conoce y que, como siempre, quedará impune.
Y sigue en la carta dando bandazos a su estilo, culpando de todo a la modernidad ya que según él el pueblo irlandés a perdido sus valores en las última décadas, ¿será que para él perder los valores es denunciar los abusos de sus escarabajos pederastas?
Y por si fuera poco se atreve a dar soluciones para evitar más abusos, del tipo ayuno o adoración eucarística (que sinceramente no se de que se trata ni me interesa, pero huele a nada) yo propongo la castración química o tradicional o ecuménica (por darle un nombre pomposo).
No se si seguirá con sus zapatitos rojos, supongo que eso no hará cambiar nada, pero lo que está claro es que Ratzinger es sospechoso de algo más que de ser un presumido.
Que razón tenía Pepe Rubianes cuando se refería a los obispos como esos que se dedican a tocar niños, si estuviera entre nosotros estoy convencido que más de un improperio dedicaria al poseedor de los zapatitos rojos y sus secuaces. Cuanto más miro a la ratita presumida (Ratzinger) más convencido estoy de mi ateismo militante.
PD: Gracias Álvaro por hacerme notar lo de los zapatitos.