No hablaba con usted, era el móvil
Que tiempos aquellos, no necesariamente más buenos, en los que había muchas más posibilidades de estar ilocalizables. Ahora resulta un poco más difícil y a veces inexcusable. Me refiero al hecho de que llevamos puesto nuestro dispositivo de comunicación permanentemente. Eso nos convierte en seres constantemente localizados y en algunos casos esclavos de un objeto que cabe en un bolsillo. Esta dependencia nos convierte en seres menos sociables, a pesar de que dicho dispositivo (a partir de ahora le llamaremos móvil, abreviatura de teléfono móvil) en principio sirve para comunicar, lo que nos confiere cierta disposición al gregarismo, pero acaba por volverse el protagonista interrumpiendo cualquier acto en el que estemos presentes. Sea una conversación con alguien con el que compartamos espacio o trayecto, sea algún espectáculo al que acudamos, sea cualquier situación a la que nos enfrentemos y sea donde sea. Claro está que la decisión está en nuestras manos, como casi nunca, y resulta tremendamente fácil apagarlo a pesar de que nuestra conciencia no nos quede muy tranquila, por esa falta de respeto con los demás que posiblemente requieren de nuestra atención. Por lo que es fácil, entendiendo lo buenos y sociables que somos, que nos apresuraremos en enmendar el error que cometemos y acabemos pulsando el botón de on.

Estamos a su merced, y nuestro móvil logra un fácil protagonismo en nuestras vidas. Lo cuidamos, le ponemos una fundita para que no se estropee (algunos usan calcetines especiales con la intención de que no se resfríen), le cambiamos su aspecto con cierta periodicidad o dependiendo del acto al que asistamos. De hecho creemos llevarlo pero es el quien nos lleva (emulando Cortazar) y nos obliga a estar pendientes constantemente de todas las indicaciones que nos da. Tememos perderlo o rallarlo o romperlo, lo comparamos con el del vecino que si resulta mejor nos obliga a plantearnos si necesitamos cambiarlo. Disponemos de agendas de contactos donde caben cientos de entradas de las que como mucho usamos un 20 %; vienen repletos de imágenes, sonidos, juegos e infinidad de utilidades que nunca usamos (por lo que dejan de ser utilidades al perder la condición de útil) . Y la fin y al cabo sirve para comunicarnos con los demás, cosa que en la mayoría de las ocasiones resulta innecesario a tenor de lo que se llega a decir desde un móvil en gran cantidad de ocasiones. Ya resulta típico ver un grupo de amigos en los que en algún momento hay más de dos que hablan por el móvil casi ignorando a los que les acompañan con su presencia. En una ocasión me encontré a una conocida por la calle, nos saludamos y sonó su móvil. Retirándome la mirada, e incluso alejándose un poco de mi, contestó la llamada y a medida que hablaba se iba. No tardé más de dos segundos en largarme y cambiarle el título de amiga por el de conocida. Pues os propongo los siguientes ejercicios para mejorar como personas:
- Borra todos los contactos a los que no llames, si les interesas ya te llamaran y volverás a tenerlos.
- Borra todos los sonidos, imágenes y demás estupideces que lleve el móvil, todo eso que no usas y en muchas ocasiones ni sabes para que sirve.
- Ciérralo si acudes a un acto, sea una reunión, una cena, unas copas con unos amigos, una noche romántica, etc.
- Déjalo reposar alguna vez, un día entero, una semana… poco a poco nunca lo hagas de golpe si tu adición es alta.
- Y sobretodo si llaman cuando te encuentras a alguien, o estés inmerso en una amena conversación en vivo y te hayas olvidado de apagarlo, contesta pero pídele que espere un poco o que llame al cabo de unos minutos, depende de quien o con quien te encuentres puede variar este tiempo de minutos a horas o más si el plan es bueno. En ocasiones también nos sirve para huir de "quien".
En mi caso tengo un móvil de última tecnología o casi. Me sirve para aislarme a través de sus auriculares desde los que oigo música, además puedo hacer fotos de baja calidad que ya me sirven en muchos casos, puedo grabar mi voz cuando tengo una buena ocurrencia (a menudo), escribir alguna que otra entrada en este blog,… ah, y me sirve para hablar con quien no tengo cerca. Me gusta por su botón de apagado que es muy accesible. Cuelga, sigo comunicando.



La verdad que llevas razón en todo lo que dices, cada vez dependemos más de ese aparatito que llevamos en el bolsillo.
A mi el otro día me paso algo parecido, estaba con un amigos y lo llamaron al móvil y se tiró casi 15 minutos hablando por teléfono mientras yo estaba alli sentado esperando.
Y en cuanto a lo de la agenda tengo que probar a hacerlo, tengo unos 220 contactos metidos en ella, pero con regularidad uso menos de 40 seguro, pero imagino que al ir a borrar a un contacto nos pasa lo mismo que con los trastos viejos, nos lo pensamos mucho el tirarlos porque estamos seguro que en cuanto los hayamos tirado nos harán falta. No obstante voy a intentar eliminar al menos a casi la mitad de ellos.
Saludos
En mi caso me siento desnudo si salgo a la calle sin el móvil. No es coña – si no siento el bulto en el bolsillo tengo la sensación de que me falta algo (ahora es cuando muchos pensareis cosas que no son
). Pero claro, viviendo donde vivo, sin tener móvil, y desconectado de tu propio País, se complica uno mucho la vida sin uno de estos aparatitos… sin saber horarios de trenes, estaciones, etc… es complicado hacer cualquier cosa aquí.
Cada día me asombro más de lo inútil que se ha vuelto el ser humano, incapaz de poder recordar un nº de teléfono.
No es la primera (ni la última, seguro) vez que, preguntándo a una persona por su nº de teléfono, ésta se pone, como a contrarreloj, a buscar en su agenda, su propio nº de teléfono…
Debo admitir que yo, con dos teléfonos, uno para el trabajo y otro para uso más privado, quizás sea reacio a recordar el nº más nuevo (sobre todo si llevo poco tiempo con él), pero de lo que estoy seguro es que no tengo el nº del propio teléfono en la agenda. Sí que tengo el nº del otro teléfono (muy útil si no recuerdas donde lo dejaste, o si te lo pilló alguien). Así, mientras no recuerde el nº de teléfono, siempre lo podrá mirar en el otro (así evito quedar como un gilipollas) y poder decir: “Si me quieres llamar al trabajo, el 6xx xx xx xx, y si me necesitas a cualquier hora (si es una mujer, si es un hombre como que desconecto del todo) al 6xx xx xx xx”.
Un poco de cabeza, señores, que hemos evolucionado.