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Putos calzoneros

Por el negro, Jueves 13 Diciembre 2007 4:21

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Ya sé, puede que alguno de vosotros tenga un hijo que lleve los calzones caídos, o, mejor, puede que alguno de vosotros, incluso, los lleve, pero, oídme: ¿qué coño representa toda esta farsa pretendidamente ultramoderna- fashion?

Los que rondáis mis cien años lo veréis como algo molesto por lo que tiene de repetitivo cuando quiere ser rompedor, a los que no los tenéis os puede parecer incluso gracioso aunque al final os joderá igualmente, y los demás estaréis pensando donde poneros el próximo piercing, el próximo sexo, el próximo cerebro. Vale.

Son modas diréis los defensores. Cada generación…etc.

A mí tan sólo me gustaría que el paisaje urbano no fuese un eterno leit motiv de espectrales repartidores de pizzas.

Ya sé, Spielberg, quizá, no sé, Kevin Costner en alguna peli, desde luego Bruce Willis, pero, por favor, hoy en día es normal ir a recoger un Premio Nobel con la gorrita de béisbol, y digo esto porque se ha hecho elemento indispensable junto a los calzones, haciendo que nuestras calles parezcan de república bananera.

Si ser carca es salir con sombrero: SOY CARCA, tan sólo para paliar la moda nefanda del reparto a domicilio ( over the World, do you Know?)

Lo del título es por los gilipollas que además de calzones y gorrita se dedican cada tarde a marear al personal con sus jodidos monopatines.

¡Qué monos!

PD: Como sé que proponer la vuelta a la boina no cuajará, no lo propongo, pero contra estos tiempos estimo más apropiado ni que sea el típico casco vikingo, que es lo que nos merecemos por idiotas.

Polí­ticamente amoral

Por House, Sábado 1 Diciembre 2007 16:59

O incorrecto, desalienado y hasta desaliñado si no conviene. Y aunque llegue a ser sólo una postura, es suficiente como para seguir siendo coherente. Sobretodo con todo aquello con lo que me guste reí­r y reí­rme. Siempre con el placer que me puede dar que se rí­an, de mi, y conmigo lo que denota cierta inteligencia. Podrí­a ser grave y mal visto. Siempre hay algo de lo que no conviene hablar, y menos de forma irónica, de según que temas considerados intocables. Y sólo por una postura de extrema corrección hasta llegar a contextualizar lo que no tiene sustancia, convertir el anécdota en categorí­a… sin más. Supongo que no está bien visto comer brazos de gitano, llamarle negro a un africano de color oscuro sin la pretensión de insultarlo, entre otras cosas por que una evidencia no me parece un insulto. Ni mucho menos ciertas apreciaciones sobre mujeres, gays, niños, grandes personajes de la historia, sindicalistas, miembros de ongs, ecologistas, creyentes, animales y quien sabe si la "Asociación en defensa del cactus" llega a denunciarme por usar uno como pincha papeles. Triunfan las supuestas buenas maneras y se puede decir sucio sub saharaui o homosexual de mierda, estará menos mal visto ya que como mínimo el insulto se habrá hecho con toda la corrección política que obligan los cánones, los cánones de la estupidez. Lo malo es cuando toda esta barbaridad se intenta imponer al costumario popular. Cambiar la forma de ser o de entender las cosas es más fácil que cambiar los hábitos en el lenguaje. En esas frases populares sólo los ojos de los enfermos no ven el sentido que siempre se ha dado, la metáfora. Ir hecho un gitano, trabajar como un negro, tal cosa es una mariconada, cagarse en Dios…y mucho más. Una vez más la sabiduría popular está por encima de la estupidez de los que intentan imponer las supuestas buenas maneras. Pues seguiré haciendo amigos, pero no soporto esta hipocresía disfrazada de corrección. Soy intolerante con muchas cosas, por los que lo son, por los que imponen unas normas éticas y no conocen palabras como la humildad o las disculpas. Seguiré siendo políticamente amoral, por que al fin y al cabo que hagan lo que quieran mientras no fastidien más… Empieza a hacer frío, y viene los odiosos tiempos navideños, seguramente que alguien me va a decir, un año más, que ya no está de moda hablar mal de la navidad… lo de siempre… venga todos a comprar ilusiones de plástico, que ya toca. Pero sed políticamente correctos. Y me vino el enterao de siempre y me dijo que estaba de moda "ir de" políticamente incorrecto por la vida… ya le vale, es el mismo que dice lo de la Navidad.

No hablaba con usted, era el móvil

Por House, Lunes 1 Octubre 2007 4:52

Que tiempos aquellos, no necesariamente más buenos, en los que había muchas más posibilidades de estar ilocalizables. Ahora resulta un poco más difícil y a veces inexcusable. Me refiero al hecho de que llevamos puesto nuestro dispositivo de comunicación permanentemente. Eso nos convierte en seres constantemente localizados y en algunos casos esclavos de un objeto que cabe en un bolsillo. Esta dependencia nos convierte en seres menos sociables, a pesar de que dicho dispositivo (a partir de ahora le llamaremos móvil, abreviatura de teléfono móvil) en principio sirve para comunicar, lo que nos confiere cierta disposición al gregarismo, pero acaba por volverse el protagonista interrumpiendo cualquier acto en el que estemos presentes. Sea una conversación con alguien con el que compartamos espacio o trayecto, sea algún espectáculo al que acudamos, sea cualquier situación a la que nos enfrentemos y sea donde sea. Claro está que la decisión está en nuestras manos, como casi nunca, y resulta tremendamente fácil apagarlo a pesar de que nuestra conciencia no nos quede muy tranquila, por esa falta de respeto con los demás que posiblemente requieren de nuestra atención. Por lo que es fácil, entendiendo lo buenos y sociables que somos, que nos apresuraremos en enmendar el error que cometemos y acabemos pulsando el botón de on.

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Estamos a su merced, y nuestro móvil logra un fácil protagonismo en nuestras vidas. Lo cuidamos, le ponemos una fundita para que no se estropee (algunos usan calcetines especiales con la intención de que no se resfríen), le cambiamos su aspecto con cierta periodicidad o dependiendo del acto al que asistamos. De hecho creemos llevarlo pero es el quien nos lleva (emulando Cortazar) y nos obliga a estar pendientes constantemente de todas las indicaciones que nos da. Tememos perderlo o rallarlo o romperlo, lo comparamos con el del vecino que si resulta mejor nos obliga a plantearnos si necesitamos cambiarlo. Disponemos de agendas de contactos donde caben cientos de entradas de las que como mucho usamos un 20 %; vienen repletos de imágenes, sonidos, juegos e infinidad de utilidades que nunca usamos (por lo que dejan de ser utilidades al perder la condición de útil) . Y la fin y al cabo sirve para comunicarnos con los demás, cosa que en la mayoría de las ocasiones resulta innecesario a tenor de lo que se llega a decir desde un móvil en gran cantidad de ocasiones. Ya resulta típico ver un grupo de amigos en los que en algún momento hay más de dos que hablan por el móvil casi ignorando a los que les acompañan con su presencia. En una ocasión me encontré a una conocida por la calle, nos saludamos y sonó su móvil. Retirándome la mirada, e incluso alejándose un poco de mi, contestó la llamada y a medida que hablaba se iba. No tardé más de dos segundos en largarme y cambiarle el título de amiga por el de conocida. Pues os propongo los siguientes ejercicios para mejorar como personas:

  • Borra todos los contactos a los que no llames, si les interesas ya te llamaran y volverás a tenerlos.
  • Borra todos los sonidos, imágenes y demás estupideces que lleve el móvil, todo eso que no usas y en muchas ocasiones ni sabes para que sirve.
  • Ciérralo si acudes a un acto, sea una reunión, una cena, unas copas con unos amigos, una noche romántica, etc.
  • Déjalo reposar alguna vez, un día entero, una semana… poco a poco nunca lo hagas de golpe si tu adición es alta.
  • Y sobretodo si llaman cuando te encuentras a alguien, o estés inmerso en una amena conversación en vivo y te hayas olvidado de apagarlo, contesta pero pídele que espere un poco o que llame al cabo de unos minutos, depende de quien o con quien te encuentres puede variar este tiempo de minutos a horas o más si el plan es bueno. En ocasiones también nos sirve para huir de "quien".

En mi caso tengo un móvil de última tecnología o casi. Me sirve para aislarme a través de sus auriculares desde los que oigo música, además puedo hacer fotos de baja calidad que ya me sirven en muchos casos, puedo grabar mi voz cuando tengo una buena ocurrencia (a menudo), escribir alguna que otra entrada en este blog,… ah, y me sirve para hablar con quien no tengo cerca. Me gusta por su botón de apagado que es muy accesible. Cuelga, sigo comunicando.

Post vacaciones

Por House, Miércoles 12 Septiembre 2007 4:35

¿Ya estáis todos de vuelta? se nota, con lo bien que estábamos los que nos quedamos en Agosto. Y encima ahora tenemos que aguantar vuestras depresiones post vacacionales y los peñazos que nos contáis sobre como han ido vuestros viajes. Que a la postre sólo interesan a los que las han sufrido con vosotros. Es la época en la que nunca tengo tiempo para cenas, que no son más que excusas para seguir hablando de las vacaciones de los anfitriones y en las que se alternan odiosos pases de fotografías que sólo tiene gracia para quien las ha hecho o aparece en ellas. Que peligrosa es una cámara digital en manos de un postveraneante dispuesto a pasarte los 512 mg, como mínimo, de imágenes mal encuadradas, desenfocadas y con motivos sin el más mínimo interés. En mitad de la cena se degustan especialidades mal cocinadas o de dudosa calidad adquiridas en el lugar de veraneo, que siempre hay que degustar de forma peculiar como si en esos 15 días se hubieran adquirido las costumbres de los lugareños del paradisíaco sitio de veraneo. Los invitados postveraneantes se enzarzan en competiciones con el afán de conseguir ser el que mejor lo ha pasado, sitios más espectaculares a visto y experiencias más inolvidables ha vivido. Todos lo han pasado muy bien y a nadie le importan las vacaciones de los demás. Algún desaprensivo a pensado en todos, con no muy buenas intenciones, viene cargado de odiosos souvenirs y está dispuesto a regalarlos a sus amigos con el empeño de que con ese presente sean recodados como los que mejor se lo montan en verano y encima han pensado en ti. Y después de las trascendentes discusiones sobre el mejor protector solar, la forma correcta que debe tener el hielo del cubalibre o como impedir que la arena entre por donde no debería; llega el triste retorno a una realidad que parece no gustar pero que dura nada menos que 11 meses al año. Cierra la persiana que entra el sol, parece ser el mismo que sólo nos vuelve de otro color si estamos de vacaciones…

Cogiendo conchas

Por House, Martes 21 Agosto 2007 17:05

Por la playa, por ejemplo… se quejaba el amigo argentino de mi mala lengua, que cosas tiene este idioma que tantos hablan y nadie igual. Y en según que partes de América del sur a la lotería se le llama polla, palabra que aquí incluso el Word censura. Que gracioso sería que alguien dijera alegremente que le ha tocado la polla, o sea la lotería. Y hasta ahí no pasa nada, lo malo es que hay tantos que cambian de país y nunca de acento que llega un momento que no sabes muy bien lo que puede ofender.

Pedía de comer y en el restaurante me dijo la chica argentina: – ¿que va a ser de tomar?

- ¿Tomar que? o ¿tomar por?… coja usted, perdón agarre- los argentinos deben tener garras- un diccionario y encuentre si es sinónimo tomar de beber… me trae agua con gas y seguimos con el menú.

Busco detenidamente algo para entretenerme, ahí pone pescado. – El pescado, ¿cual es?
-Blanco.
- Me refiero a la especie, hay blancos que no me gustan.
- De aquí.- extraña forma de definir un pescado, al menos te dan la confianza que te aporta la proximidad y posible conocimiento del pez en cuestión.
- ¿Pero tendrá un nombre?- va a ser que en la pampa no hay pescado, y la chica debe ser de ahí, a juzgar por la expresión de su cara es posible que no sepa distinguir un pez de un calamar, total todo sale del mismo sitio… el mercado. Casi que pido un churrasco que al menos sabrá lo que es.- pues póngame algo de carne aderezada al estilo de su país.

Lo último no lo entendió y me trajo un vulgar biftec con patatas congeladas, de las que ignoro la procedencia. Lo demás fue normal sólo me tuvo que cambiar el agua por la otra con gas que pedí, no haberla abierto antes de llegar a la mesa, y tardé menos en conseguir un cenicero que ella en traerlo, después de pedirlo cinco veces.

Y me pregunto que con lo que llegan a cobrar por una bazofia de comida ya podrían contratar profesionales del país o de donde sea pero al menos puestos en el lenguaje y costumbres de donde sirven.

Seguiré paseando por la playa y cogiendo conchas, y a quien no le guste… que se lo haga mirar.

Cierra, chapa, o lo que quieras.

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