Taraos en Cercanías
Ocho de la mañana, lunes…sopor (y muchas veces estupor) de los currantes que viajan en Renfe y aún no han conseguido desprenderse del sueño. Una semana más Sants. Los AVES preciosos que no traerán agua. Sube un tipo que se echa en las banquetas plegables junto a la puerta. Al poco la arremete a golpes con un asiento (ocupado), insulta, se levanta hecho un basilisco dando patadas a las puertas, se sienta en las banquetas de en frente. Sigue insultando, ahora se le entiende la causa de su desvarío: la señora que viaja en el asiento contiguo (el que ha golpeado) pasaba las páginas del diario haciendo ruido adrede para molestar su sueño de vacileta irredento. Sigue insultando a todos los borregos que leen prensa, sigue, en fin, buscando maraña. En L’Hospitalet cierra la puerta, no sea que le molesten y así sigue, creando una tensión que, por fortuna, no se ha descontrolado, hasta Cornellà.
En todo el trayecto ni un vigilante. Ya no es un caso aislado: la plaga de vaciletas esquizoides campa a sus anchas. En el tren, caso de haber una pareja de vigilantes, se entretienen comentando sus turnos sin dar un mínimo paseo, aunque sea para saber si pasa algo en otro vagón.
La megafonía nos espolea a no bajar a las vías por civismo…en este caso (como en tantos) yo lo haría al contrario y suplicaría que bajaran a las vías por el mismo motivo (y a ser posible cuando pase un mercancías).



Ya de por sí el tren se ha convertido en una inconveniente solución a lo que debería ser la mejor opción. Que lástima, me gusta, o gustaba por lo que leo, viajar en tren y estas cosas me hacen pensar, una vez más, que solo se viaja mejor.
Ya sabes que en mi moto no cabe nadie, salvo ciertas excepciones que no cumples, no me emocionan tus piernas.
huy! lo q ha disho!